La decisión central fue estructurar la comunicación en dos etapas con lógica propia. Primero generar un evento físico que diera al proyecto credibilidad y visibilidad mediática. Después usar esa tracción para impulsar la adopción digital de la app.
Se descartó arrancar directamente con la campaña digital sin un punto de anclaje presencial. Sin ese momento de legitimidad pública que aportó la Feria, la campaña online habría carecido de contexto y notoriedad suficiente para funcionar en tres mercados simultáneamente.
La coordinación entre relaciones con medios, producción del evento, redes sociales y publicidad programática no fue táctica sino estructural — cada pieza dependía de las demás para funcionar.